de: Capítulo 4 del libro de la emperatriz

 

Fracasar

 

Las mujeres fracasan, fracasan una y otra vez; ante sus propias pretensiones, su propio perfeccionismo, fracasan ante la realidad y la falta de comprensión de otras personas. Algunos de sus planes ambiciosos no pueden aplicarse y mueren sus esperanzas, algunos deseos permanecen sin cumplirse y los príncipes se desenmascaran mostrándose ranas. A veces el azar, una palabra errada, una observación desatinada, una cifra equivocada o una coma faltante son el pequeño espacio que separan un logro de un fracaso.

Aunque el espacio entre el logro y el fracaso sea tan fino, existen muchas mujeres que se rinden ante el segundo y se deciden a llevar una existencia rutinaria y falta de fantasía. Esto lo hacen por miedo de volver a sentir el dolor del fracaso, y es asi como a veces hay niñas que salen de la escuela siendo inconvencionales, llenas de esperanzas y rebosantes de ideas que terminan conviertiéndose en damas conservadoras sin vivacidad ni chispa. Sus vidas terminan siendo determinadas por el miedo, y como la mayoría de las personas deben experimentar desilusiones y fracasos siempre alguna vez, el miedo se convierte con los años en el sentimiento de vida predominante.

 

Los planes y las visiones de una emperatriz también pueden fracasar.

A veces parece que se encontrara literalmente fuera del panorama:
nadie quiere saber de ella, nadie requiere de sus habilidades y su conocimiento, el banco le niega créditos, la desalojan de su departamento, la abandonan sus amantes y sus supuestas amigas se apartan de ella. 

 

Los sueños necesitan su tiempo.

Cuando la fuerza que reside en ellos está bien arraigada, estos pueden renovarse sin importar lo fuerte que haya sido la experiencia de fracaso. La renovación acontece por sí misma y la emperatriz no puede hacer nada por ello. Una emperatriz sabe que hay tiempos para un obrar activo y otros tiempos donde es mejor descansar. A veces simplemente hay que aceptar que algo no ha funcionado. En estos casos es importante que ella no se abandone y que no actúe por desesperación haciendo algo que no se corresponda con ella. En vez de esto, la emperatriz se concentra en lo esencial y anima su fuerza interior, distanciándose conscientemente de su vida habitual por medio del retiro y la meditación.

La renovación proviene del interior. Aquello que tenga continuidad permanecerá.
Una emperatriz no le teme a la nada.