introducción a la edición Inglesa
del año de la serpiente (2013)

primera edición inglesa 2013

primera edición inglesa 2013

 

Corría el año 2000, el año del dragón, cuando la emperatriz apareció en las librerías por primera vez, haciéndose camino hasta las primeras posiciones de venta.

 

 

Desde entonces, un gran número de mujeres alrededor del mundo han leído la historia de la emperatriz, han reído y llorado con ella, han aprendido su lección y han compartido el libro con sus hijas, madres y amigas.

La emperatriz es un libro que cambia vidas.

Un llamado a la fuerza interior. Un permiso para vivir salvaje- y libremente. Un verdadero libro de amor.

 

Desde el año 2000 hasta hoy (2013) hemos cerrado el círculo, donde otro año del dragón dio paso a una edición de nuestro libro para los lectores de habla inglesa.

En la mitología china, el dragón es un signo muy masculino, seguido por el dragón pequeño: la serpiente misteriosa. Esta es la esencia de la femineidad, el emblema de la transformación femenina.

 

La emperatriz trata sobre el Yin y el Yang. El Yang es masculino y el Yin femenino. El Yang dirige y el Yin lo sigue, como bailando el Tango.
Esto no significa que toda mujer que baile así sea débil:

El Yang inicia y el Yin completa. El Yang convoca al universo y el Yin es la respuesta recibida.
Ambos se pertenecen y necesitan unirse en cada cosa viviente, en cada célula.

 

Yin y Yang no tratan sobre la dualidad. No se trata de ser una de las dos partes y perder la otra sino sobre ser las dos. Se trata de volvernos nosotros mismos verdaderamente. De esto trata nuestro libro: sobre la realización.
Pero no hay realización que dure para siempre. La vida femenina evoluciona en círculos: círculos menstruales, embarazos, menopausia y vejez.

Cuando atravesamos estas fases, algunos doctores llegan a decirnos que estamos débiles o enfermos.
No lo estamos. Estamos transformándonos. La transformación sin fin.



Ser una emperatriz no es fácil, pero es enormemente excitante.

 

Muchas mujeres nunca se sienten completas consigo mismas y es entonces cuando un viejo condicionamiento social las incita a salir en la búsqueda de su contraparte masculina, que habrá de completarlas. Pero la realización no viene desde afuera. Pronto ella encontrará que a él le falta algo, y el hombre pronto sentirá que hay demasiada presión puesta sobre él. Esto es coquetear con el desastre, dos partes deficientes puestas juntas nunca resultarán en la realización. De ahí todos los dramas durante el noviazgo y la desilusión en el matrimonio.
El encuentro de lo femenino y lo masculino puede encender muchas chispas y llenar nuestras vidas de alegría e inspiración. La unión sexual del Yin y el Yang es el gran creador de todo.
Pero para poder conseguirlo debemos, primeramente, completarnos a nosotros mismos y sólo entonces atraeremos a la compañía adecuada.

 

Durante muchos siglos las mujeres nos hemos sentido incompletas, nos han hecho creer que teníamos que decidir entre dos partes: ser tiernas o ser efectivas, bonitas o inteligentes, amas de casa o mujeres de negocios, sexy y libres o madres; respetables, pero no aburridas, ser independientes y crear hermosas obras de arte, o ser responsables y pagar por todo ello al final. Nos dividimos y nos hicimos añicos, y bajamos la vista ante cualquier otra mujer que se atrevió a aferrarse a algo que nosotras habíamos descartado.

Nosotras somos esa otra mujer también, nosotras somos todo.
Este es el momento de recomponernos nuevamente.

2013 por Christine Li